sábado, 2 de abril de 2011

Dadaísmo

Yo digo que los carteles de neón están bien. Que está bien el tráfico y hasta las ambulancias con sirenas infernales. Digo que los charcos están bien, bien los semáforos, bien los toldos raídos y los anuncios de las marquesinas. Bien está el frío y la lluvia. A veces, incluso, digo que está bien el Starbucks. A veces.

A veces digo: “no volveré nunca”. Y unos días añoro Malasaña, y otros días recuerdo mi barrio, con sus jóvenes como de provincias, provincianos como el Tuenti; con sus adolescentes viejos, más viejos que el Messenger. No volveré, no volveré. Me quedaré en el Pier de Brighton y no tomaré un autobús nunca. Me quedaré en la playa para siempre. Para siempre. Leeré a Chesterton y aguardaré el esplendor de encontrar algo al doblar la esquina. Leeré a Proust para no escribir jamás: “durante mucho tiempo, me acosté temprano”.

A veces digo: “me marcharé a otro sitio”. A Italia o a San Francisco. Empezaré otra aventura. Y no me aburriré nunca. Y no veré nunca esa antena, enhiesto surtidor de muerte, en lo alto de las azoteas. Y no cogeré el metro. Y no me atrapará jamás una oficina. Escribiré. Estudiaré. No me alcanzará el tedio de las hipotecas, de las vidas planeadas, del orden que imponen los lunes y los fines de semana. ¿Cuándo es sábado, cuándo miércoles? Yo no lo sé. No lo sé.

Y ahora digo: “me iré a Alemania”. Me esconderé diez días en la Selva Negra. Solo me verán las vigas de una casa de madera. Espiaré a los ciervos y a los zorros tras el súber de un abeto. Buscaré caras en las llamas de una lumbre. Me apostaré en su puerta, sabiendo que no espero a nadie. Lejos de los ladrillos de Madrid y de ese ascensor que siempre para en mi piso y nunca me devuelve a mi madre.

Después, regresaré a los brazos de Brighton, a sus óleos y sus olas. Y cuando me pregunten a quién espero, miraré mi casa desprovista de antenas mortales, subiré sus escaleras estrechas, cubiertas de moqueta verde. Buscaré con el oído el sonido aprendido de un ascensor que conozco muy bien. Y no lo hallaré, ¿sabes? No lo hallaré. Y al fin podré decir: a nadie. No espero a nadie. Coge la cartera y las llaves: esta noche quemaremos la ciudad.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Aurora tu escrito me ha emocionado hasta lo mas profundo de mi. No tengo palabras solo se me ocurre ¡Preciso!
T. Pilar

Anónimo dijo...

Soy la de antes he querido decir ¡Precioso!

Aurora Nacarino-Brabo dijo...

¡Muchas gracias, Merkel! ¡Qué sería de mí si tú no me leyeras!

vinocon dijo...

Aurori,
Suscribo todo lo dicho por Pilar.
Sigue asi
Un besazo
Montselin

anónimo y orgulloso de ello dijo...

Yo también hecho de menos Brighton con su seafront fiestero y sus gaviotas enormes como monstruos. Ha esto me dediqué allí...
http://www.labocadelello.blogspot.com/